Publicado el 12 de abril de 2018

A Petro o a Uribe, ni con el pétalo de una rosa

Aunque sean responsables de la crispación, aunque ellos promuevan las provocaciones, aunque se valgan de ellas para mantener el foco en el escenario político, aunque hayan usado como ninguno la retórica de las sindicaciones y no la de las discusiones, aunque hagan todo para que nos salgamos de casillas, a los ciudadanos y, por supuesto, al Estado nos corresponde hacer todo para protegerlos y permitir que desarrollen su juego, que es el de ellos y no el nuestro.

Desde que comenzó la campaña el Centro Democrático decidió usar ese recurso, el de la provocación, para tratar de sacar de casillas a sus contradictores políticos. Lo afinaron con la Farc para hacer aparecer un enorme rechazo ciudadano al acuerdo que les permite hacer política y provocaron incluso que ese grupo tuviese que suspender su campaña.

Petro y sus seguidores han usado la agitación agresiva para oponerse a las políticas del alcalde Peñalosa en Bogotá. El clima de opinión exacerbado provoca daños a diario a buses de Transmilenio y saboteos a los servicios públicos.

Desde el Twitter, amplificado por los medios tradicionales, tanto Petro como Uribe, que no permiten el diálogo democrático con ellos, descalifican, sindican, mienten, desafían. Ninguno acepta entrevistas, no asisten a foros o debates con otros candidatos. Ahora se amparan en manifestaciones, ciertamente multitudinarias, para anunciar la catástrofe, llamar a la tierra arrasada y proclamarse como los salvadores.

Varios otros actores políticos usan la arenga descalificadora para ganar notoriedad. Varios de los seguidores del uno y del otro tratan de imitarlos en sus métodos.

Los demás hemos caído en la trampa. Nos hacen creer que ese es el ambiente político. Que los ciudadanos están reaccionando así y resulta que no. Son escenas de obras de teatro que ellos mismos montan, que difunden en directo por las redes sociales, los medios multiplican y todos terminamos sintiendo que estamos en eso. Funciona como en los simuladores de realidad virtual.

Es cierto que el viernes se reunieron en forma más o menos espontanea centenares de jóvenes que se acercaron al puente del Humilladero en el Centro Histórico de Popayán a increpar a Uribe. A eso tienen derecho, aunque sería más democrático permitir que los seguidores del Centro Democrático hagan su manifestación tranquilamente sin interferencias externas. Pero también es cierto que entre los estudiantes se metieron agitadores que agredieron a la policía e intentaban impedir la reunión del uribismo.

En Cúcuta fue distinto pero causado por los mismos creadores del juego. Allá no llegaron estudiantes pacíficos sino agresores profesionales, dicen que enviados por el ex alcalde Ramiro Suárez, condenado por delitos sin nombre, aliado de Cambio Radical y cercano al alcalde de la ciudad que torpemente impidió la realización de la manifestación de Petro en el Parque Santander.

En Cúcuta la agresión fue directa, ahí están las evidencias en el vehículo que transportaba al candidato presidencial, pero claro los unos y los otros aprovecharon la oportunidad para aparecer como víctimas cuando en realidad son corresponsables del juego que han promovido.

Otra vez todos en la trampa: llamados a la cordura, mensajes invocando la tolerancia y etc, como si los ciudadanos comunes y corrientes fueran los que estuvieran protagonizando las escenas. No, la mayoría de la gente es indiferente a la política y los que no lo somos y estamos metidos en la controversia no andamos buscando a los contradictores para agredirlos o sindicarlos.

Estamos en mora de dirigir los mensajes a los destinatarios correctos. Les hemos hecho parecer que todos estamos en el mismo juego. Incluso nos hemos hecho seriamente la pregunta de qué haríamos si tuviésemos que escoger entre el uno y el otro como si no hubiera salvación y estuviéramos condenados a escoger pirómano.

Es todo lo contrario, estamos entrampados, pero podemos salirnos de ahí, tenemos una enorme oportunidad de armar nuestro propio juego sin invitarlos a participar. No hay que olvidar que lo que se apuesta en el juego es, sin exageraciones, nuestro futuro y yo, al menos no estoy dispuesto a confiárselo a ningún extremo.

La escogencia no puede ser entre quedarnos defendiendo privilegios y protegiendo un modelo francamente injusto o lanzarnos a desarrollar fórmulas que han probado ser tan malas que son incluso peores que lo que tenemos.

Aunque nos resistamos a creerlo porque los pirómanos nos han logrado convencer de lo contrario, hay cosas que hay que defender y que los unos y los otros van a poner en riesgo e incluso a destruir si no nos salimos de la trampa. Ambos nos han anunciado constituyente que no será para avanzar sino para retroceder. Volveríamos a aprobar la reelección, tratarían de recortar el poder ciudadano de la tutela, quisieran ponerle limitaciones a la prensa y el largo etc que han tenido que probar en varias partes por no haber escapado de la trampa a tiempo.

Petro y Uribe usan los mismos métodos, el gobierno del uno o del otro pondrá en riesgo los derechos de todos, pero aun así, la primera manera de demostrarles que no nos vamos a quedar entrampados es asegurándonos que pueden seguir con su prédica incendiaria sin que nadie los agreda y sin que alcaldes torpes se los impidan. Tenemos que garantizarles que la candela que atizan no los va a alcanzar.

 

 

 

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